Motín en la nave roja, por Trino Márquez - LaPatilla.com

Motín en la nave roja, por Trino Márquez

La entrega del ‘ciudadano colombiano’ Álex Saab a la justicia norteamericana, representa un nuevo capítulo en la ruptura de los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello con lo que representaba y defendía Nicolás Maduro. 

Se sabe que Saab era un hombre estrechamente vinculado a Maduro. Según ha circulado en diferentes medios, era su operador financiero. La profundidad de los lazos entre ambos personajes se hicieron patentes cuando Saab fue capturado en Cabo Verde y luego enviado a Estados Unidos. El gobierno de Maduro financió una millonaria campaña en su favor. En su defensa, Maduro argumentaba que Saab era diplomático y que, en el momento de su captura                    -‘secuestro’ era el término utilizado-, se encontraba en una misión oficial. Traerlo de vuelta a Venezuela se convirtió en un objetivo clave para el régimen. La meta se logró cuando la administración de Joe Biden, en 2023, aceptó intercambiar unos prisioneros norteamericanos que se encontraban en las cárceles venezolanas, por el ‘diplomático’ de origen colombiano.





En la campaña a favor de Saab participaron con entusiasmo los hermanos Rodríguez y Cabello. Cuando Saab retornó a Venezuela, ellos expresaron su regocijo porque el Gobierno se había anotado una clara victoria frente al imperialismo.

La incongruencia en el comportamiento de los nuevos mandatarios no ha pasado desapercibida en las filas del oficialismo. Elías Jagua y Mario Silva, entre otros dirigentes del PSUV, insisten en que la deslealtad con Saab y Maduro forma parte de la ruptura global de esos jerarcas con el proyecto antiimperialista, nacionalista y socialista concebido por Hugo Chávez, continuado por Nicolás Maduro, su elegido para sucederlo en el trono.

Para la ortodoxia chavista, resulta inconcebible e inaceptable la subordinación de los Rodríguez ante el denostado imperio norteamericano. Esa ala ortodoxa califica de ‘entreguista’ el comportamiento de los Rodríguez. Hablan de reacomodo a los intereses imperiales con la finalidad de convertir a Venezuela en un protectorado de Estados Unidos. En una colonia norteamericana. En el nuevo esquema de poder desapareció el socialismo como proyecto nacional. El Estado comunal fue abandonado. Las alianzas con los partidos socialistas del mundo quedaron relegadas. No interesa mantener la cooperación con los sectores sociales y políticos representados en el Foro de Sao Paulo, convertido en Grupo de Puebla.

Ahora, lo importante se resume en los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), y las alianzas de Pdvsa con las empresas petroleras y gasíferas más poderosas del mundo. La consigna ‘Pdvsa es nuestra’ y ‘roja, rojita’ forman parte de un pasado que lo mejor es olvidar. Representan lo que Lenin habría llamado ‘el izquierdismo, fase infantil del comunismo’. Aunque, actualizada la expresión, podría cambiarse por ‘fase infantil’ en el avance hacia el pragmatismo y la sobrevivencia política. De eso se trata: los Rodríguez y Cabello entendieron que su permanencia en el poder depende de su subordinación a los dictámenes de la Casa Blanca.

Dentro del oficialismo existe esa corriente crítica con el giro dado por Delcy y Jorge Rodríguez y el ministro de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello. No sé cuanta fuerza posee ese sector y si será capaz de emerger para confrontar abiertamente el poder del triunvirato gobernante. Lo más seguro es que el aparato represivo del Estado los aplaste o los anule. Esa es la tradición dentro de los regímenes autoritarios. Una vez que una fracción desplaza a otra, la nueva camarilla se encarga de perseguir y silenciar a la que ha sido destronada. A esta no le queda más opción que plegarse al grupo victorioso o formar tienda aparte. Constituir un nuevo partido o facción. Veremos cómo transcurren los próximos meses.

Quienes piensan que primero debe estabilizarse el país para luego avanzar hacia la reinstitucionalización democrática, deberían ver lo que está sucediendo en el PSUV. El terremoto político e ideológico que los nuevos mandarines provocaron, estremecieron los cimientos del PSUV. Los resquebrajaron. Dentro del movimiento oficialista no puede hablarse de tranquilidad y armonía, sino de desconcierto e indignación entre quienes fueron hipnotizados por el lenguaje inflamado del Comandante. Su sucesor careció del encanto de su mentor para preservar cohesionado el bloque. Sin embargo, Maduro siempre subrayó, aunque torpemente, los ideales del proceso originario. Trató de mantener viva el fogonazo que los Rodríguez apagaron de forma intempestiva.

Si los hermanos Rodríguez no han podido apaciguar los conflictos dentro del pequeño mundo del PSUV, ¿podrán estabilizar un país con todos los graves problemas que encara Venezuela? No veo posible que ese milagro pueda ocurrir. 

El país necesita ir cuanto antes a unas elecciones libres y justas. Esperar que la nación comience a crecer de forma sostenida y equitativa, para luego pensar en comicios constituye una visión distorsionada del futuro. Quienes han destruido al país por casi tres décadas, no se encuentran en condiciones de promover la recuperación económica ni la estabilidad institucional. 

El motín en la nave roja constituye una evidencia inequívoca de esa imposibilidad.

@trinomarquezc

 

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