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Malas noticias para Alex Saab. Muy malas.
Todos los desafueros perpetrados por el sedicente gobierno de la Transición Democrática de Venezuela, para deportar a su referido compinche, tendrán poco o nulo efecto a su favor, en los juicios que se le vienen encima, ante las cortes de EE.UU..
Comencemos, con el venerable principio de la “No entrega” o “non-refoulement”, quebrantado de manera obscena por los subalternos de la señora Delcy Rodríguez.
Tanto EE. UU., como Venezuela se adhirieron (1967) a la enmienda del Estatuto sobre Refugiados aprobado en sede de Naciones Unidas (1951) por lo cual se incorporaron al referido Estatuto, por lo menos, en lo que concierne a la prohibición de enviar a todo deportado al país en el que peligre su vida o su libertad (artículo 33).
Pero creemos tenerlo dicho: En la RoboLución, la única ley es que no hay ley. Para no ir demasiado lejos. Los entonces presidentes, Maduro y Juan Manuel Santos, con todo y la “non-refoulement” y con todo el Premio Nóbel otorgado al susodicho en último término de manera no muy decente que se diga, no tuvieron empacho en deportar desde Colombia a Venezuela, a los disidentes Lorent Gómez Saleh y Gabriel Vallés Sguerzi, para ipso facto, secuestrarlos por cuatro años en “La Tumba”, ergástula ubicada en pleno centro de Caracas.
En cuanto a los precedentes de la justicia de EE. UU., aplicables a la actual situación de Saab, desde estas mismas páginas en marzo de 2020 a raíz de las órdenes de captura emitidas ese mismo mes contra Maduro, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y una ristra de sus cómplices, les advertimos a los respectivos interesados —incluidos los cazarrecompensas que pululaban y siguen pululando por EE. UU., y por el Palacio de Miraflores— que en las Cortes norteamericanas, rige por igual, el también venerable “Mala captus bene detentus” (cfr: Ker v. Illinois, 1896; US v. Alvarez-Machain, 1992) principio que prevalece sobre la “non-refoulement” cuando las acusaciones incluyen delitos aberrantes, como el narcotráfico y la legitimación de capitales provenientes de este último. Quiere decir, que los posibles vicios en la captura y entrega a las autoridades de EE. UU., de un preso como Saab, quedan subsanados o convalidados cuando al justiciable se le respetan sus derechos a la defensa, a la asistencia letrada y en general, al debido proceso.
Por otra parte, corren a los autos del proceso criminal 1:2019cr00450, que se le siguió al referido Saab ante la Corte Sur de Florida, EE. UU., hasta que el presidente Biden lo indultó, cuatro comunicaciones con la firma de Delcy Rodríguez, entonces Vicepresidente de Venezuela (ver actuaciones 189 y 190) en las que la actual jefa de Estado (e) certificó el carácter de venezolano y funcionario del servicio de exterior de Venezuela, del hoy preso por segunda vez, en Miami, Florida.
En ese mismo expediente, 1:2019cr00450, figuran además dos pasaportes, uno ordinario y el segundo diplomático, expedidos por las autoridades venezolanas en los que se declara que Saab, pese a que nació en Barranquilla, Colombia, es más venezolano que el “Gloria al Bravo Pueblo” lo que le habría valido, según nuestra Constitución, que no podía ser deportado como lo fue la semana pasada a EE. UU.. Escribía Nietzsche que “Las casualidades no existen; es su propia naturaleza la que determina el destino de un hombre”. Pero qué casualidad, los citados pasaportes venezolanos, aparecen expedidos por el mismísimo funcionario, que igualmente expidió un tercer pasaporte, colombiano, también cursante en las referidas actas judiciales. Chapucero el alto funcionariado roboLucionario hasta para falsificar pasaportes ¿Qué fe pública pueden merecer las certificaciones o las declaraciones emitidas por gente tan tramposa?
Toda la diatriba en torno a la nacionalidad venezolana o no venezolana de Saab, y así justificar ante los chavista de a pie, la puñalada por la espalda que le han propinado su compinche robolucionario, es palabrería huera. Para la justicia de EE. UU., la o las hipotéticas nacionalidades extranjeras de cualquier acusado, les concierne a los terceros o cuartos países no a las autoridades judiciales norteamericanas (cfr. “rule of non-inquiry”). En resumen, venezolano, colombiano o extraterrestre ¡Preso es preso, sea de donde sea!
Quedaría por dilucidar quién será el próximo traicionado o deportado o echado a las fieras. Vale todo para aferrarse al Poder. El cronista apuesta a Rodríguez Zapatero o al mismísimo hermano de la hermana, aunque el “Hombre del Mazo Dando” es el más melindroso, porque el miedo es libre y la cobardía, buena para la salud.
Prontuario, les sobra a cualquiera de los cuatro.
@omarestacio

