La frontera que se le resiste a Iván Cepeda vota bajo la sombra de Venezuela - LaPatilla.com

La frontera que se le resiste a Iván Cepeda vota bajo la sombra de Venezuela

Publicidad política de Abelardo de la Espriella, en el centro de Cúcuta, el 20 de mayo. Ferley Ospina

 

La vecina Venezuela ha estado presente, una vez más, en la carrera presidencial de Colombia. En plena recta final, Paloma Valencia voló el domingo a Ciudad de Panamá, poco después de haber encabezado el evento de cierre de su campaña en un coliseo de Bogotá. El propósito de la candidata del Centro Democrático, el partido de derecha fundado por el expresidente Álvaro Uribe, era obtener un guiño público de María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana a la que considera una heroína. “No vamos a caer en el abismo hondo por el que se fue Venezuela, vamos a luchar por nuestra democracia, por nuestra libertad”, remarcó Valencia en un video publicado en sus redes sociales. “Sabemos nosotros que los destinos de nuestras naciones, de nuestros pueblos, están absolutamente unidos”, le correspondió Machado.

Por Santiago Torrado | EL PAÍS





La derecha colombiana ha exprimido por más de una década el temor al fantasma del “castrochavismo”, un término acuñado por el expresidente Uribe, curtido en sacar provecho del lenguaje político. La actual campaña no ha sido la excepción, en la que Valencia se disputa con el ultra Abelardo de la Espriella tanto las banderas de la derecha como la posibilidad de pasar a una eventual segunda vuelta contra Iván Cepeda, el candidato de la izquierda para darle continuidad al Gobierno de Gustavo Petro. La narrativa que explota el miedo a que el país termine convertido en la Venezuela chavista encontró una particular acogida aquí, en Norte de Santander, un departamento fronterizo. Ningún otro lugar de Colombia vive con tanta intensidad las relaciones con la República Bolivariana, ni ha sufrido tanto las sucesivas crisis binacionales.

Iván Cepeda en un mitin de campaña en Cúcuta, Norte de Santander, el 7 de mayo. Ferley Ospina

 

Cúcuta, la capital departamental acechada por el crimen, le teme al cambio. O al menos al que representó la llegada al poder del presidente de izquierdas. Hace cuatro años, la principal ciudad sobre la porosa línea limítrofe se expresó en contravía del resto del país, con una apabullante mayoría de votos a favor de Rodolfo Hernández, el rival de Petro en la segunda vuelta. En Cúcuta, la votación de Hernández estuvo por encima del 80%, una cifra que aumentó hasta el 86,6 % en el municipio de Villa del Rosario, parte de la zona metropolitana y donde se ubica el puente internacional Simón Bolívar. Ese fue un margen mayor que en su natal Santander, un departamento vecino, e incluso, que en Bucaramanga, la ciudad de la que había sido alcalde.

En este nuevo ciclo electoral, aún pesa la arraigada tradición conservadora de la región. Los dos candidatos de derecha, con promesas de mano dura en seguridad, se disputan sin cuartel el favor de los votantes en Norte de Santander: Valencia apela a la tradicional fortaleza del uribismo mientras que De la Espriella espera repetir el fenómeno de Hernández. Consciente de que es un territorio hostil, la campaña de Cepeda, el líder de las encuestas a nivel nacional, se concentra en minimizar los daños y cerrar esa brecha. Los tres han visitado Cúcuta para masivos actos de campaña, y Valencia incluso estuvo dos veces en este mayo. También, la semana pasada, el presidente Petro, que impulsa sin disimulos al candidato del Pacto Histórico.

El expresidente Uribe, un archienemigo del chavismo, siempre ha sido muy popular en Cúcuta. Incluso fue, desde aquí, un temprano promotor de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela para deponer a Nicolás Maduro, antes incluso de la posesión de Donald Trump. A comienzos de 2025 hizo desde las calles de Cúcuta un encendido llamado por una “intervención militar internacional” para “desalojar a la dictadura” de un Maduro recién investido. Lo acompañaron entonces los cinco precandidatos del Centro Democrático, entre ellos Miguel Uribe Turbay, posteriormente asesinado, y la propia Valencia. El ataque estadounidense del 3 de enero sobre Caracas le cumplió su deseo.

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