"Nuestra vida está en juego": El drama de 60 pacientes renales por colapso de máquinas en el Ivss de Guárico

“Nuestra vida está en juego”: El drama de 60 pacientes renales por colapso de máquinas en el Ivss de Guárico

Cortesía

 

Para un paciente con insuficiencia renal crónica, la máquina de hemodiálisis es el único lazo que lo aferra a la vida. Hoy, casi 60 personas que dependen de la unidad de diálisis del Hospital del Seguro Social Dr. Darío Vivas en la capital del estado Guárico, enfrentan una crisis extrema por las fallas de los equipos, que ha obligado a reducir las horas de terapia, acelerando el deterioro físico de los enfermos.

lapatilla.com





La falta de equipos operativos obliga al personal a aplicar los denominados “tratamientos cruzados”: alternar a los pacientes en las máquinas disponibles e incorporar a personas externas de emergencia.

Salvadina Díaz, paciente renal, advirtió que esta práctica eleva el riesgo de contagio de infecciones graves al no contar con las serologías previas de los ingresados. “Son máquinas que cuando se inauguró este centro ya venían viejas. Tienen 18 años de uso y ya dieron su vida útil”, denunció Díaz.

Aunque hace meses las autoridades entregaron cuatro unidades nuevas, esto resulta insuficiente ante el colapso generalizado. “Se agradece, pero quedan 14 máquinas que se dañan día tras día”, relata José Luis Castillo, paciente que viaja desde el sur de Aragua para dializarse.

Promesas incumplidas

Castillo recuerda con frustración que el compromiso oficial fue sustituir por completo las máquinas en un plazo máximo de 15 días. Sin embargo, meses después, siguen sin respuestas.

La falta de nuevos equipos aunado a las fallas persistentes de las máquinas antiguas impacta directamente en el tiempo de conexión. Un tratamiento normal requiere cuatro horas, pero en el centro se redujo a tres horas y media, e incluso a sólo tres horas en días feriados.

Las consecuencias de no filtrar adecuadamente la sangre son inmediatas y devastadoras. “Las toxinas se acumulan en nuestro cuerpo, la urea, la creatinina. Hay compañeros con vómitos y mareos. Yo misma tenía los ojos hinchados con pus», detalla Salvadina con angustia.

No se trata de un simple retraso administrativo, sino de una carrera contra el reloj donde cada minuto menos en tratamiento pasa factura. Como sentencian los afectados a las puertas del hospital: “No es solo nuestra condición de salud; es nuestra vida la que está en juego”.

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