José Gerbasi: Pilotos del Retrovisor - LaPatilla.com

José Gerbasi: Pilotos del Retrovisor

Hay un fenómeno profundamente llamativo en la psicología colectiva del venezolano, una especie de disonancia cognitiva que nos hace actuar como el espectador más severo de nuestra propia carrera. En los últimos meses, especialmente a partir del giro inédito e histórico que tomó el tablero político nacional el pasado 3 de enero, el país ha entrado en una dimensión estratégica completamente nueva. Es un escenario que no tiene precedentes, un circuito político de alta velocidad que exige rigor analítico, perspectiva de conjunto y una inmensa madurez intelectual. Sin embargo, lo que abunda en el ruido cotidiano no es el análisis sólido, sino la descarga de opiniones viscerales empeñadas en buscar la falla mecánica, el error en los pits o el fantasma del pasado.

Es como asistir a un Gran Premio de la Fórmula 1 donde un monoplaza de alta ingeniería, después de años de saboteo y altos trabajos mecánicos, finalmente logra una sincronización perfecta en los pits, diseña una estrategia de carrera impecable y empieza a marcar los mejores tiempos en la pista. Cualquiera que entienda de automovilismo aplaudiría la complejidad de la estrategia y la velocidad del monoplaza. Pero desde las gradas, un grupo de críticos se concentra exclusivamente en si una tuerca se tardó una décima de segundo de más en apretarse, o en recordar que hace diez años ese mismo equipo abandonó la carrera por una falla en la transmisión.





Esa fijación con lo negativo revela una alarmante falta de lectura estratégica. Nos cuesta detenernos a interpretar el movimiento a la velocidad que va. Quienes hoy se dedican a vaticinar accidentes basados en los mismos sesgos de siempre —que si las parlamentarias de 2015, que si la abstención, que si los errores del ayer— parecen olvidar convenientemente los hitos monumentales que nos trajeron hasta aquí. Nadie de ese sector parece querer analizar el éxito rotundo e incontestable de las primarias, ni la gesta civil de las elecciones posteriores, hitos que sepultaron la vieja forma de hacer política y parieron una legitimidad de acero. Por primera vez en décadas, el país cuenta en la cabina con María Corina Machado como piloto principal de este monoplaza, una conductora que ha mantenido una coherencia milimétrica en cada curva del proceso, sosteniendo el volante con una firmeza que hasta el sol de hoy no ha traído decepción, sino certezas, respaldada por un equipo técnico sincronizado y avanzando con el favor y la mano de Dios.

Es verdad que en los talleres de la política coexisten actores nefastos de la vieja guardia, y también otros que, habiendo tenido trayectorias cuestionables, parecen haber recapacitado o entendido el momento histórico y ahora empujan en los pits. La realpolitik es así: compleja, pragmática y mudable. El tiempo, que es el único cronómetro infalible, terminará por decantar las intenciones de cada quien. Lo verdaderamente crucial, lo que el analista serio no puede perder de vista, es que la velocidad de avance y los activos positivos superan con creces a los pasivos.

El problema de fondo no es la libre expresión. El derecho a opinar es universal y sangrado, pero en el debate público hemos confundido el derecho a emitir un juicio con la validez del juicio mismo. No todas las opiniones tienen el mismo peso, especialmente cuando se carece de un sustento técnico, de una metodología o de una mínima comprensión de la telemetría del juego. Estos opinadores negativos van siempre lento, rezagados en la pista de la historia, porque cometen el error fatal de manejar mirando fijamente el retrovisor en lugar de concentrarse en la recta que tienen al frente. Opinar desde el sesgo de la derrota acumulada no es analizar; es simplemente proyectar la propia frustración sobre un proceso colectivo que avanza a velocidad de campeonato.

La palabra y la imagen tienen una fuerza creadora inmensa. Cuando insistimos en alimentar la narrativa del escepticismo, terminamos pisando el freno. Ya basta de la negatividad como deporte nacional. Hay que confiar en la piloto que ha demostrado saber trazar cada curva y acelerar en el momento exacto. Un movimiento inédito no se interpreta con los mapas del pasado, se acompaña con lucidez, con disciplina y con una confianza fundamentada en los hechos y en la coherencia demostrada. Es hora de bajarle el volumen al ruido de los comentaristas de sillón y ver pasar a toda velocidad a un país que, contra todo pronóstico, aprendió a ganar su propia carrera de libertad.

Vamos por más…

@jgerbasi

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